En este 24 de febrero de 2026, la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania cumple cuatro años. El presidente Volodímir Zelenski emitió un mensaje en video afirmando que, a pesar de ser el conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, el país ha preservado su soberanía y justicia.
“Putin no logró sus objetivos. No quebró a los ucranianos”, declaró el mandatario ante la visita de altos funcionarios de la Unión Europea que viajaron a Kiev para mostrar un apoyo inquebrantable.
Sin embargo, la jornada está marcada por la ausencia de representantes de alto rango de Estados Unidos, en un momento donde el Pentágono advierte que el conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste sin un final próximo a la vista. Mientras Zelenski insta a Donald Trump a visitar el país para comprender la gravedad de la situación, Rusia admite que continuará las operaciones hasta lograr todos sus objetivos.
El impacto humano es devastador: se estima que el conflicto sumará pronto dos millones de bajas entre ambos bandos, y organizaciones como Amnistía Internacional denuncian condiciones brutales para la población civil debido a los ataques sistemáticos contra la infraestructura energética.
La resistencia ucraniana se mantiene firme, pero la dependencia de la ayuda europea es cada vez más crítica ante el cambio de prioridades en la política exterior estadounidense.


