Los movimientos políticos en Córdoba se agitan nuevamente. Natalia de la Sota baraja la posibilidad de presentarse como candidata a gobernadora, una decisión que genera roces crecientes con Juan Schiaretti Llaryora, actual mandatario provincial.
La exintendenta de Córdoba capital ha comenzado a explorar el escenario electoral, movimiento que no pasa desapercibido en la política cordobesa. Sus gestos y declaraciones públicas alimentan especulaciones sobre sus intenciones de competir en los próximos comicios provinciales, lo que enciende alertas en el gobierno de Llaryora.
Esta tensión marca un nuevo episodio en las fracturas internas del peronismo cordobés. Aunque formalmente mantienen vínculos dentro de la misma coalición, las diferencias estratégicas y territoriales comienzan a evidenciarse públicamente. De la Sota, quien cuenta con una base de apoyo importante en la capital provincial, representa una alternativa electoral que inquieta a la administración actual.
Los análisis políticos sugieren que la provincia podría encaminarse hacia una competencia interna si finalmente de la Sota confirma su candidatura. Esto ocurre en un contexto donde el peronismo cordobés navega cambios en la política nacional y provincial.
La llegada de las elecciones genera movimientos anticipados entre los referentes peronistas. Cada declaración y movimiento es interpretado como una señal de intenciones futuras. De la Sota, manteniendo cierta ambigüedad en sus posicionamientos, no descarta públicamente la opción de competir, mientras que Llaryora refuerza su gestión de cara a una posible campaña.
Los próximos meses serán cruciales para definir el panorama electoral cordobés. Mientras tanto, la fricción entre ambos sectores tiende a crecer, especialmente si se confirman los pasos políticos que ambos líderes vienen desarrollando. El peronismo provincial enfrenta el desafío de canalizar estas diferencias sin fragmentarse demasiado de cara al electorado.


