Los movimientos político-empresariales de Pucciarello en torno a la posible reactivación de una refinería de YPF están provocando ondas de choque dentro del Partido Justicialista. Las tratativas que mantiene el dirigente con la administración Milei y con el gobernador Pullaro han encendido alarmas entre los sectores peronistas, que cuestionan ahora su perfil como precandidato.
En los pasillos del peronismo crece la inquietud ante estos contactos. Dirigentes de diversas facciones expresan dudas sobre la conveniencia de impulsar a alguien que mantiene simultáneamente negociaciones con el oficialismo y con una provincia gobernada por fuerzas no tradicionales del movimiento.
El caso concentra la atención en un debate más amplio dentro del PJ: qué tipo de figuras deben encabezar las listas electorales futuras. Algunos ven en Pucciarello un pragmático dispuesto a tender puentes con actores del establishment actual. Otros lo cuestionan por lo que consideran una vinculación demasiado estrecha con gobiernos que el peronismo considera antagónicos.
La cuestión de la refinería actúa como detonante de tensiones preexistentes. El proyecto en sí mismo no resulta polémico en la agenda de reactivación industrial, pero los espacios donde se negocia generan fricción. El acercamiento simultáneo a Milei y a Pullaro es interpretado por algunos sectores como una falta de claridad ideológica o de lealtad hacia los intereses partidarios.
Fuentes internas del peronismo revelan que el tema ha ganado peso en las últimas reuniones de la cúpula. Algunos legisladores y dirigentes territoriales plantean objeciones formales sobre la candidatura de Pucciarello si continúan estas negociaciones en los términos actuales.
El contexto económico añade complejidad al cuadro. Una refinería reactiva podría significar empleos y dinamismo productivo, lo que entraría en la lógica de un peronismo que históricamente impulsa la industria nacional. Sin embargo, el hecho de que sea Pucciarello quien encabece estas gestiones—y lo haga bajo términos que parecen alineados con la lógica de Milei—genera desconfianza sobre quién terminaría beneficiándose realmente.
Los próximos movimientos de Pucciarello serán cruciales. Si persiste en las negociaciones tal como están formuladas, el sector más conservador del PJ podría impulsar alternativas para las candidaturas. Si por el contrario rectifica el rumbo, quedará en evidencia la presión interna del partido sobre sus figuras públicas.


