La escena política libertaria vuelve a sacudirse por tensiones internas. Cosme Gebel, el influyente predicador evangélico vinculado al movimiento, logró captar apoyo de varios concejales que formaban parte de las filas de Javier Milei, lo que desencadenó una ola de críticas entre funcionarios del espacio.
La maniobra de Gebel representa un movimiento estratégico dentro de La Libertad Avanza que revela fracturas más profundas en la estructura organizativa del gobierno. Los ediles que cambiaron de bando responden ahora a la órbita del líder evangélico, generando un realineamiento de fuerzas en territorios donde el movimiento libertario tenía presencia consolidada.
Desde la estructura cercana al presidente, el descontento fue inmediato. Dirigentes como Pareja y Carrancio salieron al ataque público contra esta movida, argumentando que representa una traición a los principios del proyecto libertario y una fragmentación innecesaria que debilita la cohesión interna.
Estas acusaciones reflejan una lucha por el control territorial y político dentro del movimiento. Para Pareja y Carrancio, la pérdida de estos ediles implica perder influencia en espacios clave para la proyección futura de La Libertad Avanza en el territorio.
El enfrentamiento entre facciones libertarias no es nuevo, pero esta vez involucra a un actor de peso como Gebel, cuya capacidad de movilización dentro del movimiento evangélico le otorga una base de poder propia. Su aproximación a los concejales sugiere una estrategia para consolidar una estructura paralela dentro del espacio.
Los números son significativos: aunque no se especifique la cantidad exacta de ediles que se pasaron a la esfera de Gebel, cualquier pérdida de representantes es un golpe simbólico y práctico para quienes los reclutaron originalmente. En política local, cada concejal cuenta para las votaciones y la construcción de mayorías.
La tensión contrasta con el discurso de unidad que Milei ha promovido desde su asunción. Mientras el presidente busca consolidar su gobierno nacional, las disputas subnacionales revelan que el movimiento libertario aún negocia su arquitectura interna y los espacios de poder para cada uno de sus principales referentes.


