Dentro de la estructura gubernamental crece la discrepancia respecto a una de las medidas más controvertidas del ejecutivo. Un grupo de dirigentes con influencia en los espacios de toma de decisiones considera que la eliminación de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias representa un retroceso institucional que debería ser reconsiderado.
Esta postura, que emerge desde las entrañas del propio gobierno, contrasta con la línea oficial que ha promovido la suspensión de los comicios primarios. Los cuestionamientos provienen de funcionarios que mantienen una visión distinta sobre el impacto político y electoral de esta determinación.
Los críticos internos argumentan que las PASO han funcionado como un mecanismo de legitimación democrática que permite a los partidos renovar sus estructuras y medir fuerzas internas de manera transparente. Sin esta herramienta, sostienen, se debilita el proceso de selección de candidatos y se reduce la participación ciudadana en decisiones electorales fundamentales.
La fricción dentro del gabinete refleja un debate más profundo sobre las prioridades políticas del gobierno. Mientras algunos sectores ven en la suspensión una medida de austeridad presupuestaria, otros cuestionan si los beneficios fiscales justifican el costo institucional que esto implica.
Esta disidencia no es menor en un contexto donde la legitimidad política se construye sobre la base de decisiones que generen consenso interno. La existencia de estas voces disconformes sugiere que la estrategia electoral del gobierno sigue siendo materia de debate entre sus propios integrantes.
De concretarse la suspensión sin mayores modificaciones, se abriría un nuevo frente de tensión dentro de la coalición oficial. Las próximas semanas resultan decisivas para conocer si estas críticas internas logran revertir la postura que predomina en los niveles más altos de la administración.


