En medio de una crisis económica que golpea el poder adquisitivo de millones de familias, las grandes cadenas de supermercados han encontrado un negocio redondo: convertir la compra de alimentos en un servicio financiero de alto costo.
Jumbo, una de las principales cadenas del país, junto con las entidades bancarias, ofrecen planes de financiación para productos de la canasta básica con tasas que alcanzan niveles cercanos al 100% anual. Lo que debería ser una transacción simple —comprar comida— se transformó en un instrumento de endeudamiento para sectores que tienen cada vez menos margen en sus presupuestos.
Esta estrategia comercial expone una realidad incómoda: las empresas minoristas aprovechan la vulnerabilidad de quienes no pueden pagar al contado productos esenciales como alimentos y bebidas. En lugar de acceso, lo que se ofrecen son deudas con intereses exorbitantes que profundizan la brecha entre quienes pueden pagar de inmediato y quienes necesitan extender sus obligaciones en cuotas.
Los argentinos, acostumbrados a financiar bienes durables —electrodomésticos, muebles, tecnología—, ahora enfrentan la paradoja de tener que endeudarse para comprar lo más básico: pan, lácteos, carnes. Una situación que hace apenas unos años hubiese resultado impensable en un país que presumía de tener clase media robusta.
El mecanismo funciona así: el consumidor compra en tarjeta de crédito o mediante planes especiales que ofrecen los bancos conveniados con los supermercados. Esas operaciones se traducen en deudas que generan intereses acumulativos. Para familias con ingresos estancados o en caída, estos gastos se vuelven una bola de nieve que crece mes a mes.
La irrupción de este modelo de negocio refleja las transformaciones profundas en la economía doméstica argentina. Donde antes había consumo de bienes innecesarios financiados, ahora hay financiación de lo indispensable. Es el termómetro de una crisis que ya no es coyuntural sino estructural.
En el trasfondo, ambas partes —supermercados y bancos— maximizan ganancias en un contexto de inflación galopante y reducción del salario real. Mientras los clientes buscan desesperadamente soluciones para llegar a fin de mes, las cadenas de retail y las instituciones financieras convirtieron la necesidad en su materia prima más valiosa.


