La decisión de dos diputados cordobeses de respaldar la designación de zonas frías desató un vendaval de críticas en la provincia. Lo que parecía una medida administrativa terminó impactando directamente en los bolsillos de casi 680 mil hogares que enfrentarán incrementos del 50 por ciento en sus facturas de gas.
La polémica se intensificó cuando se conoció que los legisladores Juez y Álvarez Rivero votaron a favor de la iniciativa. Sus posiciones generaron un malestar considerable entre los vecinos que ya lidian con la presión inflacionaria y los ajustes tarifarios de los últimos meses.
En Córdoba, el reclamo crece día a día. Consumidores, comerciantes y referentes políticos cuestionan duramente cómo una medida de estas características puede implementarse sin más análisis de sus consecuencias. La provincia, que históricamente ha sido sensible a los temas de servicios básicos, ve cómo nuevamente se amplía la brecha entre los ingresos de las familias y el costo de mantener sus hogares.
Los efectos prácticos ya son visibles. Más de 680 mil unidades domiciliarias recibirán facturas considerablemente más pesadas en sus próximos ciclos de consumo. Para muchas familias, especialmente aquellas con menores recursos, representa un golpe adicional que se suma a la compleja situación económica nacional.
La decisión de los legisladores ha abierto un debate sobre qué criterios se utilizan para definir zonas frías y cómo se comunican estas resoluciones a la ciudadanía. Críticos argumentan que la medida no fue debidamente socializada ni discutida con los actores afectados antes de su aprobación.
Desde distintos sectores, se escuchan voces pidiendo revisión urgente de esta resolución. Los sindicatos, organizaciones de defensa del consumidor y bloques legislativos opositores ya se movilizan para cuestionar la iniciativa y exigir explicaciones sobre los fundamentos técnicos y económicos de la determinación.
Lo cierto es que Córdoba está en pie de guerra. Una provincia que ya sufre las consecuencias de una economía en tensión ahora debe enfrentar una presión tarifaria inesperada que amplifica el descontento ciudadano y pone en entredicho las decisiones de quienes la representan en el Congreso.


