Los números que circulan en las estructuras territoriales del PRO pintan un escenario complicado para el gobierno nacional. Según estudios de opinión que manejan intendentes de la coalición gobernante, Javier Milei atravesa una fase de debilitamiento político que lo posiciona significativamente por debajo de los propios alcaldes de su espacio.
La diferencia que marcan estos relevamientos es considerable: aproximadamente 15 puntos separan la imagen del mandatario de la de los intendentes. Un dato que genera inquietud en los despachos de la administración central y que refleja una realidad incómoda: mientras el presidente experimenta una caída, los ejecutivos municipales logran mantener mayor aprobación en sus territorios.
Este tipo de mediciones suelen ser más conservadoras que las encuestas públicas y responden a necesidades específicas de quienes gobiernan comunas. Los intendentes las encargan para calibrar sus propias estrategias políticas y comprender cómo impactan las decisiones nacionales en sus distritos.
La brecha identificada sugiere una fragmentación progresiva dentro de la coalición. Los alcaldes, con presencia directa en sus municipios y contacto cotidiano con la ciudadanía, mantienen un respaldo que no logra replicarse en el nivel nacional. Este fenómeno no es inusual en sistemas federales: los gobiernos locales frecuentemente gozan de mayor legitimidad que las administraciones centrales.
Para el gobierno, estas cifras representan un campanillazo. La erosión de apoyo que muestran los datos privados anticipa posibles complicaciones para impulsar agendas legislativas y sostener medidas de ajuste que requieren respaldo político.
La información circula en círculos restringidos dentro de la estructura PRO, pero su existencia y contenido señalan que existe conciencia sobre las dificultades que enfrenta Milei. La pregunta que surge ahora es cómo reaccionará la administración para revertir esta tendencia descendente que sus propios aliados territoriales están documentando en sus relevamientos privados.


