En las últimas horas se profundiza el alejamiento entre Karina Milei y Lilia Lemoine, uno de los referentes más visibles de La Libertad Avanza en la Cámara Baja. Este quiebre en la relación genera preocupación dentro del bloque libertario, especialmente porque la legisladora podría enfrentar dificultades para renovar su banca en los próximos comicios.
La secretaria general de la Presidencia mantiene una posición cada vez más distante respecto a los movimientos que realiza Lemoine en el Congreso. Fuentes cercanas al oficialismo señalan que los desencuentros se han multiplicado en las últimas semanas, lo que abre interrogantes sobre la unidad del espacio que lleva adelante Javier Milei.
Lemoine, quien se caracteriza por su exposición mediática y declaraciones frecuentes, ha sido históricamente un rostro visible del libertarianismo argentino. Sin embargo, la falta de respaldo explícito desde la estructura cercana al presidente complica su proyección política de cara a las próximas elecciones legislativas.
Este tipo de fracturas internas suelen ser determinantes en los espacios políticos actuales. La ausencia de sintonía entre los cuadros de dirección debilita la capacidad de negociación del bloque y afecta directamente las posibilidades de retención de diputados. En el caso de Lemoine, su reelección podría verse comprometida si el oficialismo no presenta un frente unificado.
Desde el círculo cercano a Milei no han realizado declaraciones públicas sobre esta tensión. No obstante, quienes conocen las dinámicas internas del gobierno sostienen que los puntos de divergencia son reales y van más allá de simples desinteligencias coyunturales.
La dispersión de fuerzas en bloques parlamentarios suele traducirse en pérdida de gobernabilidad. Por eso, cualquier signo de debilitamiento en La Libertad Avanza genera preocupación en Casa Rosada, especialmente cuando se trata de diputados que cuentan con visibilidad pública.
Los próximos movimientos de ambas serán observados atentamente por el resto de los legisladores libertarios. De momento, el silencio oficial mantiene la tensión latente, aunque los pasillos del Congreso dan cuenta de un distanciamiento que es difícil de ocultar.


