La reforma laboral se convierte en un punto de fricción dentro del gabinete libertario. Luis Caputo, ministro de Economía, decidió aplazar la discusión sobre uno de los capítulos más sensibles del proyecto de transformación del mercado de trabajo, lo que generó un enfrentamiento con Federico Sturzenegger, responsable de la cartera de Desregulación.
La postergación del tema representa un quiebre en la estrategia inicial del gobierno sobre cómo acelerar los cambios en la legislación laboral. Sturzenegger había impulsado con énfasis la necesidad de avanzar rápidamente en varias modificaciones, consideradas cruciales para flexibilizar las relaciones entre empleadores y trabajadores.
Esta divergencia de criterios entre dos funcionarios clave del Ejecutivo refleja las complejidades internas a la hora de implementar medidas que tocan intereses de distintos sectores. Caputo mantendría una postura más cautelosa respecto a los tiempos de ejecución de ciertos cambios, mientras que Sturzenegger buscaría una agenda más acelerada.
El capítulo específico que quedó en suspenso incluye disposiciones que serían centrales para modificar algunos aspectos del régimen laboral vigente. Su sanción requeriría consenso legislativo en un Congreso donde el oficialismo no cuenta con mayoría propia, lo que añade complejidad a cualquier iniciativa en la materia.
Desde el inicio del gobierno, la reforma laboral ha sido presentada como un pilar fundamental del plan de transformación económica. Sin embargo, las tensiones internas sobre velocidad y metodología ahora salen a la luz pública, evidenciando que no existe unanimidad respecto a cómo proceder.
Esta fricción entre las dos carteras también refleja diferencias en las prioridades inmediatas: mientras Caputo enfatiza la estabilidad macroeconómica, Sturzenegger impulsa cambios estructurales de más largo alcance. El resultado es un impasse que podría extender los tiempos de implementación de medidas que el gobierno consideraba prioritarias.


