Enero de 2024 registró una de las olas de calor más persistentes de la última década en el área metropolitana de Buenos Aires. El Servicio Meteorológico Nacional emitió alertas rojas constantes debido a que las mínimas no bajaban de los 28 grados, impidiendo el descanso de la población.
El sistema eléctrico sufrió picos de demanda históricos, derivando en cortes de luz programados para evitar el colapso de los transformadores en barrios con alta densidad edilicia. Las autoridades sanitarias reforzaron las recomendaciones de hidratación y cuidado de adultos mayores frente al riesgo de golpes de calor.
En el Conurbano bonaerense, las piletas municipales operaron a máxima capacidad, brindando refugio a miles de familias que no pudieron viajar durante las vacaciones. El impacto ambiental del calor extremo reavivó el debate sobre la necesidad de más espacios verdes en la Ciudad.
Las empresas de servicios trabajaron en turnos reforzados para restablecer el suministro en zonas críticas de Edesur y Edenor. Se espera que los eventos de calor extremo sean más frecuentes en los próximos años debido al fenómeno de El Niño.
El cierre del mes trajo alivio con tormentas intensas que ayudaron a normalizar las temperaturas pero causaron anegamientos puntuales en el sur de la Ciudad.


