En un movimiento que genera tensión dentro de la estructura gubernamental, Menem ha expresado su rechazo a asumir la Jefatura de Gabinete y está impulsando activamente la candidatura de Petri para el puesto.
La maniobra del legislador evidencia los realineamientos que ocurren en la coalición oficialista, donde los actores buscan posicionarse estratégicamente en la administración. Según trascendidos de fuentes cercanas al círculo político, Menem considera que el rol no se ajusta a sus objetivos dentro del gobierno.
Petri, por su parte, ha ganado terreno en las conversaciones internas como alternativa viable para conducir el gabinete presidencial. Su perfil técnico y su trayectoria en el sector público lo posicionan como una opción que cuenta con respaldo de diferentes espacios dentro de la coalición.
Esta jugada política refleja las dinámicas de poder que caracterizan al equipo de gobierno, donde los funcionarios negocia constantemente sus espacios de influencia. La designación de un jefe de Gabinete es una de las decisiones más trascendentes de la administración, ya que ese cargo funciona como coordinador de toda la estructura ministerial.
Menem mantiene su perfil legislativo y buscaría fortalecer su influencia desde el Congreso, donde ha demostrado capacidad de negociación y gestión política. Su decisión de no aceptar la Jefatura de Gabinete también sugiere cálculos electorales de cara a futuras competencias.
La promoción de Petri como sucesor es parte de una estrategia más amplia de reorganización interna que busca satisfacer a diferentes sectores del oficialismo. En los próximos días se esperan definiciones formales sobre quién asumirá finalmente este cargo clave en la estructura estatal.


