Históricamente, el acceso al alto rendimiento en Argentina ha estado centralizado en Buenos Aires, principalmente a través del CeNARD. Sin embargo, una nueva corriente de gestión deportiva está impulsando la creación de polos de desarrollo en provincias como San Juan, Córdoba y Mendoza, permitiendo que atletas de diversas disciplinas puedan entrenar con tecnología de punta sin abandonar sus ciudades de origen.
Este proceso de descentralización ha comenzado a dar frutos en los últimos torneos regionales y nacionales, donde se observa una paridad mucho más marcada entre los representantes federales. La clave de este avance reside en la colaboración público-privada, donde empresas locales patrocinan programas de becas y equipamiento a cambio de beneficios impositivos, un modelo que ha demostrado ser exitoso en países con tradición olímpica.
Además, la incorporación de ciencias aplicadas al deporte, como la biomecánica y la nutrición personalizada, ha elevado el estándar competitivo de disciplinas como el atletismo, la natación y el ciclismo. El gran objetivo de este plan federal es ampliar la base de selección para los ciclos olímpicos venideros, asegurando que ningún talento se pierda por falta de recursos logísticos o económicos. A pesar de los desafíos presupuestarios que impone la macroeconomía, la resiliencia del deportista argentino sigue siendo el motor principal de estos proyectos.
La comunidad deportiva celebra este cambio de visión que entiende al deporte no solo como competencia, sino como una herramienta de integración territorial y desarrollo humano que debe llegar a cada rincón del suelo argentino, rompiendo con el histórico “porteñocentrismo” que ha limitado el potencial de miles de jóvenes talentos del interior profundo.

