Existe una creencia popular extendida entre los consumidores argentinos: si un huevo flota en agua, significa que está podrido y no debe consumirse. Sin embargo, esta afirmación carece de fundamento científico.
Rubén, encargado de una pollería ubicada en el Mercado de la Paz, aclara los verdaderos motivos detrás de este fenómeno. Según su explicación, cuando un huevo tiene varios días de antigüedad, el contenido acuoso en su interior comienza un proceso natural de evaporación. Esta pérdida gradual de humedad genera una cámara de aire más grande en el interior del cascarón.
“La gente se asusta cuando ve un huevo flotando, pero es completamente normal”, comenta Rubén. Esa cavidad expandida disminuye la densidad del huevo, provocando que adquiera flotabilidad y se eleve en el agua. Se trata de un mecanismo mecánico simple, no de una señal de descomposición.
Esta distinción resulta fundamental para evitar descartar alimentos perfectamente aptos para el consumo. Muchas familias argentinas pierden dinero al deshechar huevos que, aunque floten, permanecen en excelentes condiciones de higiene.
La recomendación de los expertos en alimentos es verificar otros indicadores más confiables: inspeccionar el cascarón en busca de grietas o decoloraciones, oler el producto si es posible, y observar la consistencia de la clara y la yema una vez que se abre. La flotación, por el contrario, no debería generar rechazo automático del huevo.
En los mercados argentinos, donde el precio de los alimentos sigue siendo una preocupación constante para los hogares, conocer esta información puede representar un ahorro significativo. Rubén aprovecha su experiencia en la venta para educar a sus clientes habituales, desmintiendo mitos que circulan en redes sociales y conversaciones cotidianas sin base científica.
La próxima vez que observe un huevo flotante en agua, recuerde que se trata únicamente de un cambio físico natural vinculado al paso del tiempo, no de un indicador de que el producto no sea seguro para preparar.


