Crisis en la miel argentina: temen colapso por debilitamiento del INTI

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La industria apícola nacional enfrenta una amenaza silenciosa que podría comprometer sus ventas al exterior. El deterioro progresivo de la capacidad operativa del Instituto Nacional de Tecnología Industrial está generando alarma en productores y exportadores, quienes advierten que sin laboratorios funcionales y controles de calidad certificados, los principales compradores internacionales podrían cerrar las puertas a la miel argentina.

Este producto representa un rubro significativo dentro de las exportaciones agropecuarias del país, posicionando a Argentina como proveedor de referencia en mercados de alto valor. Sin embargo, la viabilidad de esta posición depende de cumplir con estándares sanitarios y de trazabilidad que exigen los clientes europeos, asiáticos y norteamericanos.

El INTI cumple un rol fundamental como certificador independiente de la calidad de la miel antes de su embarque. Sus laboratorios realizan análisis de residuos, contaminantes y composición que determinan si un lote puede comercializarse internacionalmente o no. El debilitamiento de esta institución genera incertidumbre en toda la cadena.

Productores consultados expresan preocupación por el funcionamiento de los servicios técnicos que históricamente garantizaron la confiabilidad del producto argentino. Con recursos limitados, los tiempos de análisis se extienden y la cobertura de controles disminuye, lo que podría afectar la competitividad en mercados tan exigentes como la Unión Europea.

La apicultura representa ingresos directos para miles de pequeños y medianos productores distribuidos en varias provincias. Cualquier obstáculo para colocar miel en el exterior impacta directamente en sus economías y en la generación de divisas para el país.

Expertos señalan que invertir en la capacidad operativa del INTI es invertir en la viabilidad del sector. Sin instituciones públicas fortalecidas, las exportaciones pierden credibilidad y competitividad frente a productores de otros países que mantienen sistemas de control robusto.

La situación plantea un interrogante sobre cómo continuarán operando los mecanismos de certificación cuando los recursos disponibles sean aún más escasos. La pregunta que se replantea el sector es si habrá alternativas privadas que puedan reemplazar estos servicios con la misma seriedad y reconocimiento internacional.

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