Los precios moderaron su ritmo de crecimiento durante abril en la zona metropolitana. Según datos de un estudio privado, la suba de costos se ubicó en 2,4 por ciento, lo que significó una reducción de un punto porcentual respecto al mes anterior.
Este comportamiento marca un punto de quiebre importante en la tendencia inflacionaria. Durante los últimos once meses, los guarismos no habían registrado este tipo de desaceleración, lo que genera cierto alivio en el análisis de corto plazo.
Dos sectores jugaron un rol fundamental en esta contención. El rubro educativo mostró un comportamiento más moderado que en períodos anteriores, mientras que los alimentos y bebidas también redujeron su velocidad de incremento. Estas dos categorías, que históricamente tienen peso en la canasta de consumo de los hogares, fueron claves para este resultado.
Sin embargo, los especialistas advierten sobre lo que podría ocurrir en mayo. La próxima lectura de inflación estará condicionada por medidas implementadas en materia de combustibles. El ajuste en la tributación sobre este rubro podría traducirse en nuevas presiones sobre los precios, especialmente en sectores que dependen del transporte y la logística.
Desde la Casa Rosada, el Presidente ya ha hecho referencia a este escenario. Las autoridades económicas mantienen el discurso de que las medidas adoptadas buscan corregir distorsiones acumuladas en períodos anteriores, aunque reconocen el impacto temporal que pueden generar en el bolsillo de los consumidores.
La lectura de estos números resulta relevante para entender la trayectoria de la política monetaria y las expectativas que se construyen en torno al comportamiento futuro de los precios. Aunque una desaceleración es bienvenida por los hogares, el contexto de incertidumbre sobre qué sucederá en los próximos meses mantiene en vilo a analistas y consumidores.


