El básquet femenino en Argentina está viviendo una era de transformación cultural y deportiva sin precedentes. Lo que comenzó como un movimiento de base en los clubes de barrio ha escalado hasta consolidar una Liga Femenina profesional que cada año suma más adeptos y patrocinadores.
La Confederación Argentina de Básquetbol (CAB) ha implementado políticas activas para fomentar la participación desde edades tempranas, logrando que el número de jugadoras federadas se duplique en el último trienio. Este crecimiento se ve reflejado en el desempeño de la Selección Nacional, “Las Gigantes”, quienes han logrado hitos importantes en el plano internacional, sirviendo de inspiración para una nueva generación de niñas que ahora ven en el básquet un proyecto de vida profesional.
No obstante, el camino hacia la igualdad de condiciones sigue presentando obstáculos significativos, especialmente en términos de salarios y cobertura mediática en comparación con la rama masculina. Los clubes están adaptando sus infraestructuras para ofrecer vestuarios y horarios de entrenamiento acordes a la demanda actual, mientras que las marcas deportivas empiezan a ver en las jugadoras figuras de marketing con gran potencial.
La digitalización ha jugado un papel crucial, ya que el streaming de los partidos ha permitido que la disciplina llegue a hogares donde antes no tenía presencia. El desafío a corto plazo es consolidar una estructura de competencia que sea económicamente sustentable para los clubes del interior, evitando que la brecha presupuestaria fragmente la competitividad del torneo. Esta revolución no es solo deportiva, sino social, marcando un punto de no retorno en la lucha por el reconocimiento y la profesionalización integral de las mujeres en el deporte ráfaga, consolidando un espacio de pertenencia y excelencia que ya es orgullo nacional.

